
Se abre el telón. Sobre el escenario se encuentran solo dos actores. Por un lado, la presidenta Cristina Fernández y compañía con su denuncia de compra ilegal de la empresa Papel Prensa. Por el otro lado, Grupo Clarín con su defensa a tales acusaciones. De escenografía, la familia Graiver, la oposición, y algunas organizaciones. Recordemos que, de acuerdo al guión, los actores aprenden lo que deben decir y la forma de portarse con los otros personajes.
¿Y el público? Son los lectores, los medios del Interior del país, los ciudadanos, Papel Prensa en su totalidad, sus trabajadores. Allí están todos ellos, sentados en sus butacas, presenciando la obra en la cual solo pueden participar a través de sus reacciones colectivas: risas, silencio, exclamaciones de sorpresa, de miedo, etc. Y en última fila, se encuentra sentada ella. Allí en donde las luces ya no alumbran y el sonido casi no llega. Allí esta sentada la verdad, sin siquiera poder tener algún tipo de reacción colectiva.
Dicen que las mejores obras de ficción fueron extraídas de la pura realidad. Pero esta es la realidad, aunque muchas veces parezca ficción. La realidad de los medios del Interior del país que luchan día a día por sobrevivir a pesar de las adversidades. El licenciado en Comunicación Social Luis Abregó sostiene que existe “una difusa línea divisora entre los intereses empresarios y los intereses periodísticos que influye y entorpece la actividad”. Parece que los únicos que pueden ser actores de esta obra son los que tienen el poder, ya sea político como económico. Y ejemplo mas claro que la declaración de Clarín no puede existir: “Quien controla la fabricación de papel, controla la palabra escrita”. Palabras fuertes y explicitas en el guión de uno de los actores.
La realidad también es la de los ciudadanos, quienes son los más desprotegidos, porque, como sostiene Julio Ramos en su libro Los Cerrojos a la Prensa, el ciudadano “puede ser inducido políticamente, privado de ver, leer o escuchar lo que desee si no conviene a las concentraciones dominantes…” Cada actor sobre el escenario tiene su propio guión, y el público esta obligado a ver, leer o escuchar solo eso.
¿Cuándo se bajara el telón? Espero que para la próxima obra el protagonista sea el público. O… ¿por qué no se anima el público a subir ahora al escenario? Quizás también la verdad se anime.
¿Y el público? Son los lectores, los medios del Interior del país, los ciudadanos, Papel Prensa en su totalidad, sus trabajadores. Allí están todos ellos, sentados en sus butacas, presenciando la obra en la cual solo pueden participar a través de sus reacciones colectivas: risas, silencio, exclamaciones de sorpresa, de miedo, etc. Y en última fila, se encuentra sentada ella. Allí en donde las luces ya no alumbran y el sonido casi no llega. Allí esta sentada la verdad, sin siquiera poder tener algún tipo de reacción colectiva.
Dicen que las mejores obras de ficción fueron extraídas de la pura realidad. Pero esta es la realidad, aunque muchas veces parezca ficción. La realidad de los medios del Interior del país que luchan día a día por sobrevivir a pesar de las adversidades. El licenciado en Comunicación Social Luis Abregó sostiene que existe “una difusa línea divisora entre los intereses empresarios y los intereses periodísticos que influye y entorpece la actividad”. Parece que los únicos que pueden ser actores de esta obra son los que tienen el poder, ya sea político como económico. Y ejemplo mas claro que la declaración de Clarín no puede existir: “Quien controla la fabricación de papel, controla la palabra escrita”. Palabras fuertes y explicitas en el guión de uno de los actores.
La realidad también es la de los ciudadanos, quienes son los más desprotegidos, porque, como sostiene Julio Ramos en su libro Los Cerrojos a la Prensa, el ciudadano “puede ser inducido políticamente, privado de ver, leer o escuchar lo que desee si no conviene a las concentraciones dominantes…” Cada actor sobre el escenario tiene su propio guión, y el público esta obligado a ver, leer o escuchar solo eso.
¿Cuándo se bajara el telón? Espero que para la próxima obra el protagonista sea el público. O… ¿por qué no se anima el público a subir ahora al escenario? Quizás también la verdad se anime.







